jueves, 7 de diciembre de 2017

Teatrillo Matuschek en Los Robles



Los peques disfrutaron del Teatrillo Ambulante Matuschek, con un par de divertidas actuaciones a cargo de Gladys y Justin.

domingo, 19 de noviembre de 2017

La Puerta (XII) La Caramela


I’m so free, de Lou Reed, era su canción. Porque Carmela, nacida Carlos, de nombre artístico La Caramela, siempre se sintió libre. Carmela nació con la llegada de la mayoría de edad, coincidiendo con la muerte del dictador. Desde entonces, la calle oscura, donde parió a La Caramela, dulce como una cereza. Consumía las madrugadas cerca del Puerto de la Luz, ocupando el lugar que la pobre Malena, aquella a la que un fulano de ojos verdes, como la albahaca, verde limón, dejó en su boca un gusto a menta y canela.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Aspectos Léxico-Semánticos de la Copla (I)


Notas de la vida de Rafael de León

Hay muchos datos que se desconocen acerca de su vida, posiblemente fue él mismo quien intentó preservar su intimidad sumergiéndose en cierto anonimato, al margen de la vida social de su tiempo, a pesar de ser un hombre de buen trato. Nunca le gustaron los reconocimientos públicos, ni fue amigo de las manifestaciones en torno a su obra, por lo que poco de sus escritos hablan directamente de las fuentes o de las claves de su poética, aunque algunos hayan encontrado en su obra un regusto lorquiano. Daniel Pineda Novo asegura que Rafael de León “se ufanaba de conocer bien Sevilla y de tener influencias claras de Dostoiewski, Lorca y Antonio Machado”.

El último aliento de Cora James (II)


Las viejas mansiones en la desembocadura del río Connecticut, en el estrecho de Long Island, se conocen de toda la vida. La propiedad de Cora James linda con la de las supuestas vecinas lesbianas. Así es como ella las nombra. A su juicio, la que fuera una prometedora y soleada mañana primaveral, inevitablemente, se había convertido en una amargura, por culpa de una de las vecinas lesbianas; Margue Peabody, para ser exactos.
-Margue, no le permito que se inmiscuya en mis asuntos. Tenga usted un buen día –dijo, como hachazo certero, Cora James al despedirse de su vecina en la linde que separa sus propiedades. Ya de espaldas, a paso rápido, el pequeño y ágil cuerpo de aquella octogenaria mujer, marcha hacia el porche de la casa. Va despachando maldiciones a diestra y siniestra, mientras zarandea el ramillete de flores frescas que lleva entre las manos.